dijous, 26 de febrer de 2009

El món és una cadena d'esdeveniments que ens afecten més o menys.

I ja fa gairebé mig mes des de l’última entrada al bloc, i puc dir que realment no ha estat per gosseria ni per falta de ganes, sinó simplement per manca de temps. Un temps que ha estat replet de canvis, entre d’altres, que em fan plantejar un nou “any nou, vida nova”, encara que sí, ja ho sé, som a febrer.


Per una banda, podem dir que ja hem deixat enrere el quadrimestre, encara que hui encara haguérem d’exposar la Directiva de Retorn i Constitucional I ens espere la setmana que ve. També podem veure d’altres successos que fan que tot canvie d’alguna o altra manera, com aquell home que ahir cridava “mori el rei” mentre Letizia Ortiz visitava un hospital a Ciutat de Mallorca; com la sentència en què el Tribunal de l’Haia absol l’ex-president serbi de crims de guerra a Kosevë; com la realitat que continuarem amb la precarietat sanitària a la que estem acostumats en anunciar-se que l’hospital que s’ha de construir al Camp de Túria estarà acabat un any més tard del previst; com que es detecte un cas de Tuberculosi a una estudiant de la Facultat de Dret de la UV; o com la impotència de saber que d’ací poc ja no trobarem a les tendes els “huevos Kinder” que tant ens agraden.


Però encara que el rei estiga amenaçat de mort, que els criminals de guerra continuen impunes, tot i hàgim de patir el nefast servei sanitari i que potser estiguem exposats al bacillo de Koch, o malgrat haver de renunciar a un bon berenar amb sorpresa, hem de tindre en compte que el 19 de novembre de 2010 podrem veure la nova pel·lícula de “Harry Potter and the Deathly Hallows"; i que Sarcozy ha decidit reactivar el diàleg amb Cuba, manant-hi l’exministre Jack Lang.


I clar està, queda també recordar tot allò que no ha canviat ni ho farà mai, malgrat les faccions palestines establisquen les bases per a una reconciliació al Caire; o encara que Seat demane congelar els sous dels treballadors per poder fabricar un nou cotxe a Martorell. Són coses com que les peluses continuen eixint del no res en tots els racons de la casa; coses com veure el Sol del matí i tindre ganes de fer una volta pel Cabanyal i per la platja; coses com els records que no oblides -ni vols oblidar-; ciències com la que evidencia que en economia, 1 + 1 continuen fent 2; i, sobretot, coses com que continuem jugant a viure.

dimarts, 10 de febrer de 2009

Derecho al delirio.


Ya está naciendo el nuevo milenio. No da para tomarse el asunto demasiado en serio: al fin y al cabo, el año 2001 de los cristianos es el año 1379 de los musulmanes, el 5114 de los mayas y el 5762 de los judíos. El nuevo milenio nace un primero de enero por obra y gracia de un capricho de los senadores del imperio romano, que un buen día decidieron romper la tradición que mandaba celebrar el año nuevo en el comienzo de la primavera. Y la cuenta de los años de la era cristiana proviene de otro capricho: un buen día, el papa de Roma decidió poner fecha al nacimiento de Jesús, aunque nadie sabe cuando nació.

El tiempo se burla de los límites que le inventamos para creernos el cuento de que él nos obedece; pero el mundo entero celebra y teme esta frontera.

Una invitación al vuelo.

Milenio va, milenio viene, la ocasión es propicia para que los oradores de inflamada verba peroren sobre el destino de la humanidad, y para que los voceros de la ira de Dios anuncien el fin del mundo y la reventazón general, mientras el tiempo continúa, calladito la boca, su caminata a lo largo de la eternidad y del misterio.

La verdad sea dicha, no hay quien resista: en una fecha así, por arbitraria que sea, cualquiera siente la tentación de preguntarse cómo será el tiempo que será. Y vaya uno a saber cómo será. Tenemos una única certeza: en el siglo veintiuno, si todavía estamos aquí, todos nosotros seremos gente del siglo pasado y, peor todavía, seremos gente del pasado milenio.

Aunque no podemos adivinar el tiempo que será, sí que tenemos, al menos, el derecho de imaginar el que queremos que sea. En 1948 y en 1976, las Naciones Unidas proclamaron extensas listas de derechos humanos; pero la inmensa mayoría de la humanidad no tiene más que el derecho de ver, oír y callar. ¿Qué tal si empezamos a ejercer el jamás proclamado derecho de soñar? ¿Qué tal si deliramos, por un ratito? Vamos a clavar los ojos más allá de la infamia, para adivinar otro mundo posible:

el aire estará limpio de todo veneno que no venga de los miedos humanos y de las humanas pasiones;

en las calles, los automóviles serán aplastados por los perros;

la gente no será manejada por el automóvil, ni será programada por la computadora, ni será comprada por el supermercado, ni será mirada por el televisor;

el televisor dejará de ser el miembro más importante de la familia, y será tratado como la plancha o el lavarropas;

la gente trabajará para vivir, en lugar de vivir para trabajar;

se incorporará a los códigos penales el delito de estupidez, que cometen quienes viven por tener o por ganar, en vez de vivir por vivir nomás, como canta el pájaro sin saber que canta y como juega el niño sin saber que juega;

en ningún país irán presos los muchachos que se nieguen a cumplir el servicio militar, sino los que quieran cumplirlo;

los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo, ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas;

los cocineros no creerán que a las langostas les encanta que las hiervan vivas;

los historiadores no creerán que a los países les encanta ser invadidos;

los políticos no creerán que a los pobres les encanta comer promesas;

la solemnidad se dejará de creer que es una virtud, y nadie tomará en serio a nadie que no sea capaz de tomarse el pelo;

la muerte y el dinero perderán sus mágicos poderes, y ni por defunción ni por fortuna se convertirá el canalla en virtuoso caballero;

nadie será considerado héroe ni tonto por hacer lo que cree justo en lugar de hacer lo que más le conviene;

el mundo ya no estará en guerra contra los pobres, sino contra la pobreza, y la industria militar no tendrá más remedio que declararse en quiebra;

la comida no será una mercancía, ni la comunicación un negocio, porque la comida y la comunicación son derechos humanos;

nadie morirá de hambre, porque nadie morirá de indigestión;

los niños de la calle no serán tratados como si fueran basura, porque no habrá niños de la calle;

los niños ricos no serán tratados como si fueran dinero, porque no habrá niños ricos;

la educación no será el privilegio de quienes puedan pagarla;

la policía no será la maldición de quienes no puedan comprarla;

la justicia y la libertad, hermanas siamesas condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse, bien pegaditas, espalda contra espalda;

una mujer, negra, será presidenta de Brasil y otra mujer, negra, será presidenta de los Estados Unidos de América; una mujer india gobernará Guatemala y otra, Perú;

en Argentina, las locas de Plaza de Mayo serán un ejemplo de salud mental, porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria;

la Santa Madre Iglesia corregirá las erratas de las tablas de Moisés, y el sexto mandamiento ordenará festejar el cuerpo;

la Iglesia también dictará otro mandamiento, que se le había olvidado a Dios: «Amarás a la naturaleza, de la que formas parte»;

serán reforestados los desiertos del mundo y los desiertos del alma;

los desesperados serán esperados y los perdidos serán encontrados, porque ellos son los que se desesperaron de tanto esperar y los que se perdieron de tanto buscar;

seremos compatriotas y contemporáneos de todos los que tengan voluntad de justicia y voluntad de belleza, hayan nacido donde hayan nacido y hayan vivido cuando hayan vivido, sin que importen ni un poquito las fronteras del mapa o del tiempo;

la perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de los dioses; pero en este mundo chambón y jodido, cada noche será vivida como si fuera la última y cada día como si fuera el primero.

Escoltar

Eduardo Galeano.

divendres, 6 de febrer de 2009

No tens dret a...

Submergit com en un dia qualsevol per la xarxa he llegit que tal dia com hui l’any 1979 el Congrés Espanyol aprovava -amb l’oposició de PSOE, PCE, la minoria catalana i PNV- el Decret-Llei de seguretat ciutadana, més conegut com la llei antiterrorista. Una llei que s’allunya totalment del concepte de Dret característic de l’Estat Social que hauria de promoure la llibertat i la igualtat de l’individu i dels grups en què s’integre, tal i com arreplega la Constitució.


I és que el Decret-Llei de seguretat ciutadana no fa sinó vulnerar una sèrie de Drets inherents i inviolables a tots aquells que son acusats de terroristes. Per una banda, tot sospitós de terrorisme és reclòs en situació d’incomunicació, la qual pot durar fins 13 dies. D’aquesta manera el detingut no té dret a informar a familiars o a una tercera persona de la seua elecció sobre l’arrest i el lloc de la detenció; no té dret a rebre ni a enviar correspondència ni altres comunicacions; i tampoc té dret a rebre visites de religiosos, metges privats, familiars, amics o qualsevol altra persona. A més tampoc té dret a contractar a un advocat de la seua elecció, sinó que ho haurà de fer amb un de torn o d’ofici, sense poder mantenir cap contacte amb ell en aquest període d’incomunicació.


D’aquesta manera la llei antiterrorista ha estat fortament criticada per diferents associacions -com Amnistia Internacional- i partits polítics, així com per organismes relatius al Dret Internacional com el Comitè de Drets Humans, el Comitè de la Tortura o el Relator Especial –tots ells pertanyents a l'ONU- que han mostrat la seua preocupació pel fet que la incomunicació prolongada facilita en gran mesura la pràctica de tortures cap als detinguts


D’altra banda, i vist açò, podem dir, a més, que el Decret-Llei de seguretat ciutadana té diversos aspectes que podríem considerar anticonstitucionals al no respectar el dret a la vida i a la integritat física i moral arreplegat en l’art. 15; En obviar els diversos punts que composen l’article 17 com el que marca el termini màxim de detenció preventiva en 72 hores. O en que, per exemple, també vulnera l’art. 18.3 que determina que s’ha de garantir el secret de les comunicacions i, en especial, de les postals, telegràfiques i telefòniques, a excepció de per resolució judicial; degut a que la Llei 4/1988 instaura la incomunicació del detingut i atorga al Ministeri d’Interior la possibilitat d’intervenir les comunicacions del sospitós sense autorització judicial.




En definitiva, la llei antiterrorista no és sinó una altra mostra del caràcter repressiu de l’Estat espanyol contra tots aquells grups que s’hi oposen d’alguna o altra manera per tal de construir una alternativa al model social actual.